Ponferrada: exposición fotográfica de David Zamorano sobre pasos y puentes sobre el río Sil

Dudo que haya otro río más proporcionado para puentes que el Sil pues hay sitio en que un hombre le salta todo de dos brincos”. Semanario erudito que comprende varias obras inéditas. Dalas a la luz Don Antonio Valladares de Sotomayor (Tomo XX, p. 78, Madrid 1789).

Casa de la Cultura: del 4 al 12 de septiembre.

David Zamorano López, un ponferradino del barrio de San Andrés, nace justo cuando el siglo se parte por la mitad, a orillas del río Sil. Sus primeras aventuras asomado a los ribazos del río, los paseos por el fluir dorado del otoño berciano, con esas nieblas ‘meonas’ que emergen en los largos inviernos, más esos baños furtivos en los veranos adolescentes y cálidos del Bierzo, rememoran el ímpetu del río que le vio nacer. Una corriente por la que, desde siempre, ha sentido una especial fascinación.

Entre la transformación, a mediados del siglo XX, del antiguo puente que diera nombre a la ciudad, la construcción – a principios de la década de los setenta – del puente García Ojeda (dedicado a uno de nuestros más insignes alcaldes), y los más modernos los puentes de Hierro y del Centenario, Zamorano ha ido explorando, cámara en ristre, el curso del río más allá del pueblo que le vio nacer, fascinado por la variedad y hermosura del paisaje y también de los puentes, pontones y pasos que cruzan el río Sil a lo largo de su amplio discurrir por las tierras leonesas y gallegas.

La curiosidad del viajero le ha hecho remontar el río una y otra vez. Y así, viaje a viaje, ha ido descubriendo la libertad secuestrada de las aguas del Sil en pos del desarrollo y de su aprovechamiento energético; la transformación del paisaje, en beneficio de las huertas feraces, la construcción de los canales para el riego y la producción eléctrica; y finalmente, la extraordinaria belleza del nacimiento del río en la agreste montaña de Peña Orníz.

Aguas abajo de la ciudad pimentera, ya por tierras orensanas y lucenses, Zamorano también ha seguido el cauce del fértil río, embelesándose con los espectaculares cañones del Sil y la monacal Ribera Sacra, hasta el tributo generoso del agua al río Miño.

Ha sido un periplo de años a pie, en bicicleta y en automóvil, del que hoy testimonian más de un millar y medio de fotografías, de las cuales se exponen un centenar largo en esta muestra. En ella Zamorano nos enseña viejos puentes de perfil alomado y robustos tajamares, puentes metálicos para el paso del ferrocarril, pasarelas, pontones y también modernos viaductos, que van desde el primer puente que cruza el río Sil en La Cueta de Babia, hasta el último, en la confluencia con el Miño, en Os Peares.

 Personalmente siempre he considerado que los puentes, como las fuentes o las ermitas, tienen algo mágico para el viajero. Son las referencias que marcan el camino y, en ocasiones, son incluso el destino del mismo, la finalización de un proyecto de viaje, de excursión o de aventura, de aquellos que aún sentimos la inquietud por descubrir nuevos horizontes.

Oda ecologista a los puentes.

El ecologista encuentra en el puente un amigo. Es cierto que las plantas, hongos y líquenes, no necesitan puentes para reproducirse, porque el viento, las aves y los insectos voladores, les prestan su colaboración para propagar sus semillas y esporas. Pero los animales, si quieren evitar la extinción que provoca la consanguineidad, precisan de puentes. Pasos que les permitan cruzar un barranco, o atravesar un río, que faciliten sus desplazamientos y sana reproducción.

Los puentes forman también parte de nuestra geografía, de nuestro paisaje, incluído el interior, y también de nuestra historia. Aunque, sobre todo, de nuestros recuerdos. ¿Quién no tiene en su memoria un río y un puente especiales? Puentes colgantes de cuerdas, o fijos de madera o de piedra, de hormigón o de hierro, quizás de acero… Existen puentes de todos tipos, construidos de materiales muy diversos, tipos y formas muy diferentes. Puentes que nos abren paso, nos acercan al vecino y nos permiten llegar más lejos, abriéndonos el camino a nuevos horizontes.

Luego están los ríos, porque no hay puente sin río, torrente o reguera. Y los ríos – como el agua – son fuente de vida. Como los puentes, también hay ríos que son inseparables de nosotros, que son una parte indeleble de nuestros recuerdos, o tal vez de nuestros juegos infantiles. Y para los bercianos, el río por antonomasia – aparte del de cada pueblo – tiene un nombre muy corto: Sil.

El río Sil y sus puentes.

Podríamos habernos equivocado y haber escrito “sol”. Y no nos erraríamos demasiado, porque para El Bierzo, si el sol representa energía, vitalidad y riqueza, el Sil es todo eso y más. Río aurífero, depositario de las pepitas de oro que en mi infancia aún encontraban eventualmente los bañistas o pescadores sin proponérselo. Río carbonífero, de tenebrosas y oscuras, que lavaron el negro carbón durante décadas permitiendo con los ingresos alimentar a los los hogares bercianos durante décadas. Río de aguas claras, que antaño movieron molinos arcaicos, hoy herrumbrosos, y que continúa nutriendo a nuestra tierra, transformándola en un vergel. Río impetuoso, que tanta electricidad produce.

Nuestro más ilustre escritor, Enrique Gil y Carrasco, ensalza al río Sil cuando rememora su niñez en sus “Recuerdos de la infancia”:

“Río de las ondas claras, y las arenas de oro, que en los remansos te paras, y de sus sombras amparas, tu codiciado tesoro”.

David Zamorano, fotógrafo de puentes y chimeneas.

David Zamorano conoce bien este río, pues no en vano ha recorrido sus 228 kilómetros de curso, acompañado de una cámara de las de antes, para conseguir capturar miles de imágenes de esos pasos, puentes o presas de pantano, que hoy nos muestra. Y es así, sin saber muy bien por qué. Porque este fotógrafo amateur no tiene una relación laboral especial con el río Sil. Lo que no ha impedido que haya ido recogiendo para los demás las líneas y formas de decenas de estas construcciones, a veces sencillas, en otras ocasiones auténticas obras de ingeniería, que son las que nos permiten cruzar los ríos.

“Los puentes te relajan”, me explica Zamorano. Y creo que tiene razón. O, por lo menos que es alguien autorizado para decirlo, porque de eso algo debe de saber un rato él, que ha recorrido el curso del Sil desde Peña Orníz hasta su confluencia con el río Miño. Allí, el Sil le entrega su extraordinario caudal. Un gesto generoso que el refranero popular nos recuerda: El Sil lleva el agua, y el Miño la fama.

Especialmente ardua – me comenta Zamorano – fue la tarea de conseguir fotos del puente de San Clodio, entre Castro-Caldelas y Quiroga”. Se está refieriendo a la provincia de Orense, con la que compartimos el río. O, – recuerda –  del puente de La Barosa “al que para acceder a sus pilares tuve que andar un importante tramo abriéndome paso entre la maleza”.

En la exposición aparece el puente de piedra de La Cueta. Y también el de Las Palomas, ambos en Babia, en leonesas tierras, este último con sus impresionantes casi cien metros  de altura. Desde allí, rodeado de espléndida belleza, nos cuenta una trágica historia. La de cuando arrojaban al vacío a las víctimas de la barbarie de nuestra ‘guerra incivil’.

Pero también podemos ver el puente de Rioscuro (Babia), y lo que queda del de Cuevas del Sil, sin olvidar los puentes mineros de Santa Cruz o Matarrosa del Sil, o los  del Centenario en Ponferrada, del colgante de Villaverde de la Abadía, o del espectacular del Carril. Estos últimos, todos menos el de Rioscuro, situados en El Bierzo.

Después tenemos los otros puentes, los de la tierra de ValdeValdeorras, o de Petín-Trives, todos ellos en la provincia de Orense; o el mítico Montefurado, paso pétreo labrado por el Sil en la roca. Esto es, sin olvidar al altivo puente de Os Peares.

Desde luego que hay puentes para todos los gustos. Y cómo no podía ser de otro modo, también noto mucho amor por la tierra, la nuestra, en las fotografías de esta exposición. Es lo que me ha animado a escribir sobre este viajero y fotógrafo ya cincuentón.

Cuanto más conozcan El Bierzo más disfrutarán de esta exposición. Su puesta de largo ha coincido con la celebración de las Fiestas de nuestra patrona. No se la pierdan, y si eso llegara a ocurrir no dejen de visitarla si llegan a verla anunciada otra vez. No saldrán defraudados.

Un ecologista en El Bierzo.

El blog de David Zamorano López. Davidzamoranolopez.blogspot.com.es.

Exposición Fotográfica 130 puentes y pasos sobre el rio Sil. 30/10/11. Youtube.com. Borja Rodríguez.

Exposición de Fotografía “Pasos y Puentes Sobre el Río Sil”. Ponferrada, 4 – 12 sept. 2009. Ponferrada.org.

Comentario por Anónimo el 11/09/2009.

Me encanta la exposición de David Zamorano por la belleza de los puentes allí presentes. Yo creo que el día de la Encina y el de la Encinina también debería haber estado abierta, porque mucha gente estuvo esperando en la puerta. Pero de todas maneras me parece una idea muy original.

Comentario por Marta Luz Arango Dávila el 14/09/2009.

Preciosas fotos y bellos comentarios. Muy poético, entrañable… Lástima no haber podido ver la exposición, pero me encanta encontrarme con esta reseña.

Comentario por Unecologista en El Bierzo el 15/09/2009.

El día de La Encina es un día muy especial para los bercianos, pues son muchos los que se acercan este día a Ponferrada desde todos los rincones del Bierzo, mayoritariamente para honrar a su patrona. Pero también los hay que lo hacen para disfrutar de la programación festiva, y que esperaban encontrarse ese día con las puertas de la exposición de David Zamorano abiertas. Algún trabajador hubiese podido contar con un ingreso extra y muchos se habrían evitado así un desplazamiento inútil.

Comentario por Loreto Vílchez el 22/12/2009.

Preciosas fotos, fantástico fotógrafo y mejor persona. Felicidades por tu dedicación y sensibilidad. Un abrazo desde Granada.

Comentario por Beatriz Hernandez Zamorano el 16/03/2010.

Me han encantado estas fotos y saber que hay genio y amor por las imágenes impresas. Más ilusión me ha hecho todavía ver a mi tío enfrascado en sus fotos y mirando el mundo a través de un objetivo. Indiscutiblemente él es el genio de la familia, o al menos el único descubierto. Un abrazo.

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