Archivo diario: 21/10/2009

Ecologistas

Tengo conectada una alerta de “Google” para no perderme ningún artículo de José Álvarez de Paz en el Diario de León. Considero su opinión particularmente acertada, y siempre estoy atento a cualquier cosa que escriba relacionada con el medio ambiente y el ecologismo.

Hace cosa de dos semanas sacó una columna que me aportó personalmente, en un momento de muchas zozobras, – y supongo que a otros compañeros que viven situaciones parecidas a la mía al frente de alguna entidad medioambiental -, un bálsamo del que estaba necesitado.

No niego que puedan existir personas que hayan visto en el ecologismo un nuevo filón para, digámoslo bastamente, “vivir del cuento”. Pero yo soy ya mayor, llevo muchos años en estos temas y no he conocido todavía a nadie que pueda cualificar de esta manera. A lo sumo conozco algún caso de obtención de pequeños beneficios.

Así es, en cambio, como les gusta  referirse a nosotros a una parte de quienes, con frecuencia, sólo nos ven como un escollo a sus planes de beneficio particular. También los hay que no se cortan un pelo y que declaran, a voz en grito, que no hay nada más despreciable – o que odien más – que a un ecologista. Y no son siempre gente con poco discernimiento, o descerebrados, como podríamos pensar, sino que también nos encontramos en esta línea a personas cualificadas, con frecuencia situados en una buena posición económica. Y en esa lista esuelen aparecer los empresarios, los capitalistas, las transnacionales, y los hijos de todos los anteriores, que ven en el control ecologista y en su defensa del patrimonio natural un peligro para sus ambiciones mercantiles.

A estos enemigos naturales de los ecologistas hay que añadirles, a veces, los radicales, anticapitalistas, okupas y otros con ideas parecidas, cuyo pensamiento llego incluso a compartir a veces, pero que cuando se ven afectados por intervenciones ecologistas son los que los atacan con más saña, en un intento de desprestigiarlos.

Estos son los que más daño provocan, por provenir sus críticas de las filas de gente que el movimiento ecologista mira con simpatía. Y, cuando esto sucede, los enemigos del ecologismo se frotan las manos o incluso aprovechan para añadir leña al fuego, con gran regocijo,. Es lo que pude comprobar hace pocos días a raíz de un artículo publicado en ‘Kaos en la Red’ por alguien que ni siquiera fue capaz de leer, y menos aún comprender correctamente, el comunicado que una entidad ecologista publicó sobre ‘La Cañada Real’.

Algunos nos tildan de “ecojetas”. Y en sus grupos, a veces dudosamente democráticos, se regodean de nuestras ideas, que tildan de idealistas. Muchos de los que así actúan viven, muchas veces, de espaldas a la realidad del planeta, apurando hasta la extenuación sus recursos materiales. A esos hay que añadir, sin ánimo de ofender, a las personas que viven en la burbuja hedonista de un consumismo desenfrenado y alejadas de los valores solidarios. Para esa gente le resulta difícil comprender que haya quienes están dispuestos a consagrar su tiempo libre a la consecución de un bien común, incluso para personas que aún no existen, en alguna organización altruista.

Un ecologista en El Bierzo.

Ecologistas, por José Álvarez de Paz.

Algunos tiburones expertos en navegar por mercados emergentes y a ser posible desregulados, criminalizan a los ecologistas precisamente porque tienen la rareza de solidarizarse con los problemas ajenos y les señalan diciendo que sólo se representan a sí mismos, cuando lo que hacen es representar a todos los demás.

Viene esto a propósito de la cascada de acusaciones contra ellos a raíz de las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León que demuestran que todos los parques eólicos de León incurren en fraude de ley y acumulan irregularidades que han llevado a la fiscalía provincial de Medio Ambiente a denunciar su posible relevancia penal, por prevaricación ambiental.

Sorprende la corte de insumisos de toda condición y militancia que, lejos de exigir a los promotores eólicos que respeten la ley y el orden, responsabilizan a los ecologistas y al Ministerio de Industria de las consecuencias de aquellos desmanes recogidos en sede judicial. También les responsabilizan de que, haciendo uso del libre mercado, algunos prefieran comprar sus componentes lejos de nuestras fronteras.

Los colectivos ecologistas no militan contra las energías renovables, entre ellas la energía eólica, todo lo contrario. Lo que hacen precisamente es recordarnos que existe un Plan Ambiental Eólico Regional que todos debemos respetar, como también es de obligado cumplimiento la legislación Europea para la preservación de las especies y hábitats, así como la legislación de nuestra autonomía sobre la protección de flora y fauna.

Cuando más arriba empleamos la palabra insumisos nos referimos tanto a emprendedores como a sindicalistas y cargos públicos que deberían saber que un sector estratégico como lo es el de la energía, no se puede entregar a intereses privados y mantenerlo al margen de la ley, ni en la convocatoria, ni en la adjudicación, ni en el desarrollo de los proyectos, porque eso no hay estado de derecho que pueda soportarlo.

Bienvenidas sean las palas eólicas, siempre que sus promotores, lejos de maquillar informes medioambientales, se sometan a la ley como cualquier hijo de vecino que sabe que toda conducta humana, también la empresarial, tiene sus límites, que no todo el monte es orégano.

Publicado en ”Silla baja”, por José Álvarez de Paz. 04/10/09.

Comentario por José el 16/04/2010.

Hola amigo, soy José Álvarez de Paz. También tus palabras son un estímulo para mí. No olvidemos que son muy poderosos los intereses que chocan contra la corriente ecologista, lo poco que queda de alcance planetario con un aliento de solidaridad. Les pone nerviosos, a los depredadores de mercados que alguien se pueda encargar de defender intereses de otros a quienes ni siquiera conocen porque pertenecen a generaciones venideras. Los ecologistas, dicen, son un peligro.