Veinte años después seguimos pagando 40.000 euros diarios por la custodia de los residuos radioactivos de Vandellós I

Vista aérea de Vandellós I en el año 1989.

Pasan los días raudos y la falta de tiempo me obligó a dejar en el tintero una efeméride importante, la sucedida veinte años atrás cuando un grave incendio provocó la más grave alerta nuclear conocida en nuestro país, que estuvo muy cerca de convertir a la central de Vandellós I, en Tarragona (Cataluña), en un nuevo Chernóbil. Me estoy refiriendo a la alerta del 19 de octubre de 1989.

Hace veinte años, en la central de Vandellós I, -la única del tipo de grafito-gas en España-, se declaró un incendio en la turbina. Esto, indirectamente, provocó una importante inundación y, como consecuencia, numerosas disfunciones en varios sistemas que aseguraban la correcta refrigeración del reactor. El suceso ocurrió a las 21:39 horas, mientras la central funcionaba a pleno rendimiento.

El incidente, que fue calificado por el Centro de Seguridad Nacional (CSN) como de nivel 3 en la escala INES (de 0 a 7). La extrema gravedad del suceso provocaría el cierre de la producción eléctrica, y finalmente el desmantelamiento de la planta a partir del año 1998.

Según el CSN, Vandellós I aportaba a la red eléctrica 480 MWt de potencia cuando  se inauguró  en 1972. Constaba de un reactor de tipo GCR (grafitouranio natural) refrigerado por gas (CO2), el único de este tipo construido en España. La Wikipedia señala que fue propiedad de la compañía Hispano-Francesa de Energía Nuclear, S. A. (Hifrensa)  y que durante los 17 años de su actividad generó un total de 55.647 GWh.

La central nuclear de Vandellós, con sus dos grupos (Vandellós I y Vandellós II), al igual que la de Ascó, estuvo gestionada por la Asociación Nuclear Ascó-Vandellós, una empresa participada conjuntamente por Endesa e Iberdrola en porcentajes que no puedo precisar.

Finalizada su explotación comercial, tras el incendio ocurrido en 1989, se inició su desmantelamiento parcial en virtud de la Orden Ministerial de fecha 28 de enero de 1998. Esta orden transfirió la titularidad de la instalación a Enresa, a la vez que autorizaba la ejecución de las actividades de desmantelamiento reflejadas en el Plan de desmantelamiento y clausura de Vandellós I (PDC).

Veinte años después.

Hoy, dos décadas después de lo que pudo ser un accidente con letales consecuencias para la población, ésta no olvida. Sus vidas corrieron un grave peligro en un radio de varios kilómetros en torno a la central. Y hubo una enorme confusión, que se intentó ocultar, y que no culminó de manera trágica sólo porque el reactor no llegó a fundirse. Aunque estuvo muy cerca de hacerlo. Faltaron tan sólo tres grados, según los expertos, para que todo se hubiese ido al garete.

Por desgracia, esta planta nuclear era la única que no contaba con un representante en permanencia del CSN. Por esto se tardó en despachar la orden pertinente de evacuación del entorno de la central. Y si la temperatura del reactor hubiese subido tan sólo tres grados más se habría producido la fusión del reactor. Como ocurrió en Chernóbil, con las consecuencias desastrosas que ya son conocidas.

¡Pudo pasar lo peor! Felizmente no llegó a producirse una emisión radiactiva al exterior. Pero el accidente comportó el cierre de la central y el primer desmantelamiento de una planta nuclear en nuestro país. Aunque el reactor tendrá que permanecer unos 25 años en fase de latencia antes de poder ser definitivamente clausurado.

El coste del almacenamiento de los residuos radiactivos de Vandellós I.

Los residuos generados por la central nuclear continúan costando al erario español 40.000 euros… diarios. Veamos… son más de 6,5 millones de pesetas al día. ¡Para que luego nos digan que la energía nuclear resulta barata! Es lo que dicen las empresas eléctricas y sus accionistas, que reciben los beneficios, pero las deudas siempre se arreglan para que las pagamos entre todos. Y “ellos” piensan que somos muchos los que podemos pagar.

El último y más sangrante ejemplo de esta manera de pensar -en la que los beneficios se privatizan y las pérdidas se sociabilizan- lo acabamos de vivir recientemente con los préstamos millonarios realizados a la banca. Y no sólo en nuestro país. Lo que ha contribuido a aumentar sus beneficios de éstos (que han vuelto a repetir este año, aunque algo inferiores). Sin embargo, el crédito europeo sigue sin verse reflejado en el préstamo a los particulares (para el pago de hipotecas) o a la pequeña y mediana empresa.

Un “anécdota” relacionada con los residuos radioactivos.

Los residuos nucleares sabemos en donde se producen, pero lo que no suele estar tan claro donde acaban. En cualquier caso, los de Vandellós I seguimos preguntándonos qué hacer con ellos, y en donde depositarlos, porque  continúan sin conocer un destino definitivo.

De hecho, -y perdonen la ironía- siempre nos queda el recurso de meterlos dentro de un barco desvencijado que hundiremos después frente a la costa de nuestro peor enemigo. Sin duda es lo que debieron pensar algunos poco escrupulosos empresarios, en este caso miembros de la Cosa Nostra, que ni cortos ni perezosos se apuntaron a la idea de comprar los excesos de plutonio de algunas centrales nucleares europeas para, según explicaban, asegurarles un depósito seguro. ‘Curiosamente’, los representantes de los países que trataron con estos ejecutivos, de impecable apariencia y educación, no llegaron nunca a sospechar que pudieran pertenecer a la mafia.

El asunto se destapó cuando un arrepentido, a cambio de la protección de la Policía italiana, confesó como varios buques habían sido hundidos, -no en Somalia o en medio del océano Atlántico o Pacífico-, sino ¡frente a la costa tirrena! Estas declaraciones aclararon la duda que tenía en ascuas a los profesionales sanitarios, que no entendían porqué en una franja determinada de la costa italiana habían aumentado los casos de cáncer. Es esta una historia que parece sacada de un cuento de ciencia ficción, pero cierta. Es sabido que la realidad supera a veces a cualquier cosa imaginable.

La situación a día de hoy.

El aspecto que hoy ofrece el complejo Vandellós I es sensiblemente distinto al de veinte años atrás. La Dirección General de Política Energética y Minas del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio autorizó el 17 de enero de 2005 el comienzo de la fase de latencia de la instalación nuclear, quedando Enresa como titular de la misma y como responsable de la ejecución de las actividades de vigilancia y mantenimiento. El cajón del reactor, un edificio blanco de 87 metros de altura que lo protegía, fue sustituido por otro que se integra mejor con el entorno, mientras que el resto de las instalaciones desapareció con el desmantelamiento.

Pero no muy lejos aún continúa funcionando el otro reactor del complejo: el de Vandellós II. Y veinte años más tarde, España sigue pagándole a Francia por almacenar los residuos radiactivos de Vandellós I. Esa factura, a partir del 2011, ascenderá a casi 60.000 euros diarios.

El almacén temporal centralizado de residuos radiactivos de alta actividad (ATC), que estaba previsto para el año 2010, continúa siendo todavía un proyecto sobre el papel. Este retraso, que han ido acumulando los sucesivos gobiernos españoles, obligará a prolongar el alquiler que España abona a Francia por almacenar los residuos radioactivos de la central.

En 1994, Hifrensa, la empresa franco-española propietaria de Vandellós I, firmó con la francesa Cogema (el centro donde se ubican los residuos) el pago – ahora actualizado en euros – de casi 250 millones por seis años, hasta la fecha en que se preveía que el ATC estaría listo en nuestro país.

Enresa considera que este alquiler costaría, a partir de enero del 2011, más de 21,5 millones de euros al año, lo que significa casi 60.000 euros diarios, unos 20.000 más de los que se viene pagando actualmente. ¿Ahora entienden por qué nos resulta tan cara la electricidad?

Sin embargo, todavía queda pendiente la decisión más controvertida: ¿dónde construir el ATC? Por suerte para el gobierno español, dado lo litigiosas que suelen ser estas cuestiones, parece que no faltan poblaciones dispuestas a custodiarlos. Eso sí, a cambio de réditos substanciosos que compensen, o consigan hacer olvidar a los vecinos, los posibles perjuicios que puedan sufrir.

El destino final de los residuos de la nuclear clausurada continúa siendo, pues, uno de los flecos que siguen pendientes veinte años después del incendio.

La cronología de un accidente que pudo haber tenido consecuencias desastrosas.

Junio 1986. El CSN requiere a Hifrensa que continúe el proceso de reevaluación de la seguridad exigido meses antes y que implante con carácter de “urgencia” cinco modificaciones de diseño.

Octubre 1989. Se produce un incendio en la turbina.

Julio 1990. El Ministerio de Industria decreta el cierre definitivo de la central.

Octubre 1994. La fiscalía de la Audiencia Provincial de Tarragona acusa de delito de riesgo a tres directivos de Hifrensa y a dos ex altos cargos del CSN.

Febrero 1998. Enresa inicia el desmantelamiento de la central, presupuestado en 14.800 millones de pesetas.

Enero 2000. Comienza el juicio pese al intento de la defensa de sobreseer el caso. Dos meses después, la Audiencia absuelve a los directivos del CSN y de Vandellós al no poder demostrar que hubo negligencia.

Junio 2003. Enresa culmina el nivel 2 del desmantelamiento: el derribo de todas las instalaciones excepto el cajón que aloja el reactor nuclear, que permanecerá en fase de latencia durante 25 años más.

Un ecologista en El Bierzo.

Nota: El elevado coste de las medidas exigidas por el organismo regulador español (CSN) para corregir las irregularidades detectadas tras el incendio hicieron que la empresa explotadora decidiera su cierre definitivo. En 2028 se procederá al ejecutar el nivel 3 del desmantelamiento, que consiste en el desmantelamiento del cajón del reactor para liberar totalmente el emplazamiento. Durante el periodo de latencia el cajón permanecerá encerrado en un revestimiento, realizado en acero galvanizado, que queda separado 1,5 metros del cajón, arranca en la cota +16 y se eleva 6 metros por encima de la losa del cajón, en la cota +63, en donde se ha colocado una cubierta. El peso de esta estructura es de 350 toneladas y está diseñada para aguantar rachas de vientos a más de 200 km/h y precipitaciones de 140 l/m².

Los residuos de la central nuclear Vandellòs I aún no tienen destino. 19/10/09. Lavanguardia.es.

Conmemoración del accidente nuclear de Vandellós I. Ecologistasenaccion.org.

Exposició: 20 anys de l’ accident de Vendellòs I (Exposición: 20 años después del accidente de Vandellòs I) (en catalán). Scribd.com.

Información del CNS sobre Vandellós I. Csn.es.

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2 Respuestas a “Veinte años después seguimos pagando 40.000 euros diarios por la custodia de los residuos radioactivos de Vandellós I

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