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Fallece el catedrático de Prehistoria de la Universidad de Valladolid, Julio Fernández Manzano

Exterior de la muralla del Castro de Borrenes. 21 febrero 2009. Foto: Enrique López Manzano

El pasado jueves -día 3- falleció mi primo carnal Julio Fernández Manzano, a la edad de 65 años. Hacía tiempo que seguía un tratamiento en un centro privado tras sufrir un ictus cerebral.

Comento esta noticia tanto por mi vinculación afectiva con él, ya que siendo niños compartimos unas cuantas aventuras, incluida la de participar, dentro de la misma escuadra, en uno de los campamentos de la Organización Juvenil Española (OJE). Pero también algunas salidas por El Bierzo, organizadas por mi tío, Ángel Manzano Casas. De ellas recuerdo con especial intensidad las efectuadas al Monasterio de Montes, entonces en ruinas (todavía en parte hoy), pero también otras durante cuyo trascurso nos dedicábamos a buscar fragmentos de tejas romanas que localizábamos en los campos bercianos. Un preludio de lo que luego sería la gran pasión de mi pariente cercano: el estudio arqueológico de la meseta norte ibérica.

En realidad, pese a mi gran afecto por mi primo, he de decir que por diversas circunstancias de la vida no llegamos a vernos con tanta frecuencia como hubiera sido de mi agrado. Siendo bastante joven, por consideraciones familiares y laborales, él fijó su residencia a Valladolid, la principal ciudad desde la que ejerció su reconocido magisterio. Sin embargo, pese a esta distancia, que un mayor alejamiento geográfico llegó a acentuar, siempre mantuvimos una cordial amistad.

He de destacar que la relación de mi primo con El Bierzo fue siempre muy relevante, tanto por la atracción que esta comarca ejercía sobre él como desde el punto de vista profesional, ya que Julio fue uno de los artífices del Plan Director de Las Médulas. Pero también por sus prospecciones arqueológicas en el Castro de Borrenes, y creo que también en el de San Juan de Paluezas (El Castrelín), así como los estudios que dedicó a diversos hallazgos arqueológicos realizados en la comarca. De sus investigaciones tuvo la ocasión de informar en alguna conferencia organizada por el Instituto de Estudios Bercianos (IEB) celebrada en la capital berciana.

“La cultura no se debe medir nunca por criterios meramente economicistas”.

Vista del Castro de Borrenes. 21 febrero 2009. Foto: Enrique López Manzano.

No fue hasta época reciente que me apercibí que mi primo también mantuvo una opinión personal sobre la cantera de Catisa, cuyo monstruoso desarrollo desluce todavía hoy día la vista panorámica de Las Médulas desde el Mirador de Orellán. Según publicó el ‘Diario de León’, mi primo preconizó el traslado de la mina de áridos a otra parte para no perjudicar los puestos de trabajo existentes. Sin embargo, por casualidades de la vida, acabaría siendo la asociación en la que yo aún milito la que acabaría por dar la puntilla a la cantera, cuando ésta se veía ya muy debilitada por la intervención de la Fiscalía de Medio Ambiente.

Carrera docente de Julio Fernández Manzano.

Julio Fernández Manzano. Elnortedecastilla.es

Aunque natural de Ponferrada (ambos nacimos en el mismo edificio de la Calle del Cristo), Fernández Manzano desarrolló la práctica totalidad de su carrera docente en la Universidad de Valladolid, donde se licenció en Filosofía y Letras y en 1983 se doctoró con la tesis ‘Armas y útiles metálicos del Bronce Final en la Meseta Norte’. Tras unos años como profesor ayudante en Valladolid, en 1987 obtuvo la plaza de profesor titular de Prehistoria en la Universidad de Cantabria, pero regresó tres cursos más tarde a la capital vallisoletana.

Especialista en la metalurgia de la Edad del Bronce, impulsó importantes proyectos y equipos de investigación en Las Médulas, junto a Francisco Javier Sánchez Palencia y María Dolores Fernández-Posse. En 2007 obtuvo la cátedra de Prehistoria de la Universidad vallisoletana, área adscrita al Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas. Además, también desempeñó el cargo de vicedecano de Ordenación Académica de la Facultad de Filosofía y Letras.

Fernández Manzano impulsó relevantes investigaciones sobre la Edad del Bronce en Castilla y León, algunas en colaboración con Germán Delibes; y a partir de 2006 dirigió, junto al citado Delibes, José Ignacio Herrán y Manuel Crespo, la campaña de excavaciones arqueológicas en el pago ‘El Palomar’, en el Centro de Interpretación de la Naturaleza de Matallana.

Publicaciones científicas.

El Castrelín fue abandonado poco antes de la explotación romana de Las Médulas. 4 junio 2017. Foto: Enrique López Manzano

Entre las publicaciones de mi primo sobresalen el capítulo dedicado a la Prehistoria en el Valle del Duero, escrito junto a Germán Delibes en la famosa ‘Historia de Castilla y León’ de la editorial Ámbito (1984); ‘Armas útiles metálicos del Bronce final en la Meseta Norte’ (1984); o ‘Mineros y Fundidores en el inicio de la Edad de los Metales. El midi francés y el norte de la Península Ibérica’ (2003).

Hace unos pocos días estuve visitando el Museo Arqueológico de Cáceres. Allí pude ver expuestas diversas lápidas romanas con sus preceptivos epitafios, tal y como era frecuente en ese tipo de manifestaciones funerarias. Observé que en varias de ellas aparece escrita la frase: “Que la tierra le sea leve”, dedicada al difunto. Es lo que le deseo de todo corazón al amigo cuyo cálido abrazo me va a faltar.

Aquellos interesados en conocer más a fondo los escritos e investigaciones de Julio Fernández Manzano podrán consultarlas aquí. 

Un ecologista en El Bierzo.

Fallece el catedrático de Prehistoria Julio Fernández Manzano. 03/08/17. Elnortecastilla.es.

Un arqueólogo del plan director defiende el traslado de la explotación. 02/07/04. Diariodeleon.es.

El Bierzo histórico

Historia del Bierzo.

Es posible certificar un poblamiento prehistórico de El Bierzo. Se han encontrado numerosas piezas en las terrazas del río Cúa, catalogadas entre el 300.000 y el 100.000 a. C.  Además existen varios hallazgos correspondientes al neolítico, sobre todo hachas pulimentadas descubiertas en diversos lugares del Bierzo.

Se ha localizado cerámica precampaniforme en la Cueva de las Tres Ventanas, en Toral de los Vados, y cabe destacar las pinturas rupestres halladas en las cercanías de Sésamo y también en Librán, posiblemente pertenecientes a esta época. 

También existen variados hallazgos correspondientes a la Edad del Bronce (puntas de lanza, herramientas, cerámica…), correspondientes a todas sus etapas intermedias.

En El Bierzo, como en el resto del norte peninsular, también se desarrolló la cultura castreña. Son muchos los yacimientos y hallazgos correspondientes a esta época. Ejemplos de castros son Castro Bergidum (cerca de Cacabelos), y el Castro del Chano, en Fornela. 

Tras su conquista, los romanos integraron al Bierzo dentro del pueblo astur, como así recogen la mayoría de investigadores y crónicas de la época.  La inserción del Bierzo en el mundo romano se hizo rápidamente, auspiciada por las riquezas auríferas de la zona (Las Médulas y La Leitosa,  entre otras explotaciones auríferas), lo que produjo multitud de cambios tanto en la organización social de la zona, como en la económica y en la geográfica, desplazándose algunos núcleos de población y creándose nuevas ciudades. De esta época quedan numerosos yacimientos arqueológicos.

La Alta Edad Media en El Bierzo.

Tras la entrada de los pueblos germanos en la península, los suevos y los vándalos asdingos (que posteriormente se trasladarían a la Bética) se instalaron en la provincia de Gallaecia, en la que se incluye entonces al Bierzo.

Del dominio visigodo del Bierzo existe mayor información. A destacar el surgimiento de la denominada Tebaida Berciana, un florecimiento monástico en El Bierzo que llevo a edificar numerosas fundaciones en la cabecera del río Oza, en el valle del mismo nombre.

De la dominación musulmana, tras la invasión de la península ibérica en el 711, hay poca información, aunque se supone que tras la rápida ocupación peninsular por parte musulmana se establecerían guarniciones encargadas de cobrar los tributos.

Tras la Batalla de Covadonga los reyes asturianos, una vez controlada gran parte de Galicia, intentan hacer lo mismo en territorio berciano. Sin embargo, los monarcas asturianos no conseguirán un dominio sobre El Bierzo hasta los reinados de Alfonso II y de Ramiro I, pasando antes el territorio berciano de manos musulmanas a cristianas, alternativamente. Es en esta época, durante el reinado de Ramiro I (842-850), cuando El Bierzo comienza a estar bajo dominio de diversos condes, siendo el primero de ellos Don Lorenzo y el más conocido el Conde Gatón, que repuebla el este berciano.

El Bierzo feudal.

Entre el periodo Alto medieval y el Bajo medieval del Bierzo, los historiadores vienen distinguiendo, habitualmente, una etapa denominada el Bierzo Feudal. Es un periodo de transición que abarca desde finales del  siglo IX hasta el siglo XIII inclusive.

En este periodo, inicialmente, la economía se basa en la explotación agraria y ganadera. Solo a partir del siglo XII se produce una progresiva diversificación de esta economía, que se amplía a la minería y transformación de los recursos minerales, a la pesca y el comercio a través de ferias y mercados.

La propiedad se concentra en pocas manos realizándose una distinción entre propiedades de carácter eclesiástico -cuyos principales exponentes son los monasterios de San Pedro de Montes, de San Andrés de Vega de Espinareda (benedictinos), de Santa María de Carracedo y de San Miguel de las Dueñas (cistercienses)-, y propiedades de realengo y nobiliar, sin olvidar el papel desempeñado por las órdenes militares de Santiago, el Hospital y el Temple.

Administrativamente, el Bierzo, , se integra hasta el año 910 en el Reino de Asturias, y en el de León entre el 910 y el 1230. A partir de ese año se incluye en la Corona de Castilla. En  1187 El Bierzo pasa a ser señorío, y tiene por tal a D. Velasco Fernández, pasando, a principios del siglo XII a tener gobernadores. Uno de los más conocidos fue D.  Gonzalo Peláez, y en el año 1243 aparece, como merino de El Bierzo, D. García Carnota. El Bierzo en este periodo se articula en tenencias como Ancares, Ulver, Boeza, Aguiar, Valcarce, y tenencias de un ámbito territorial más reducido en las que podemos incluir las villas, dentro de otra mayor (Tenencia mayor). A partir de mediados del siglo XIII estas tenencias dan paso a las merindades mayores que terminaran convirtiéndose, posteriormente, en Adelantamientos.

La Baja Edad Media en El Bierzo.

La Baja Edad Media en El Bierzo se caracteriza, principalmente, por la crisis de los señoríos monásticos y el auge, muchas veces a costa de éstos, de los laicos, personificados en la figura de ciertos nobles que utilizan la encomienda como instrumento para usurpar muchos de los bienes de los señoríos monásticos.

La guerra de las comunidades que asola toda todo el territorio de la Corona de Castilla en el siglo XVI tiene escasa incidencia en El Bierzo.

Ponferrada fue comprada por los Reyes Católicos en 1486, constituyéndose en Corregimiento en 1494 hasta el año 1780.

Como expresión de la singularidad de El Bierzo, y su fuerte identidad desde antiguo, vale la pena reseñar la carta enviada al ayuntamiento de la ciudad de León, en 1567, y que continua una correspondencia de diciembre de 1563 de similar intención, solicitando que la provincia del Bierzo se separe del Adelantamiento de León, argumentando tal pretensión en la lejanía geográfica, y pidiendo que la audiencia (de los negocios de El Bierzo) se atiendan en la persona del Corregidor de Ponferrada. Sin embargo, dicha formulación fue rechazada porque Ponferrada no era una ciudad con voto en Cortes.

El Antiguo Régimen.

El Antiguo Régimen  abarca desde el siglo XVI hasta principios del  XIX. Se le ha dado en llamar, también, feudalismo desarrollado ya que conserva muchas de las características medievales.

El Bierzo sigue siendo principalmente agrario, siendo la vid su principal producto, y en las zonas montañosas ganadero, heredando del periodo medieval el minifundismo (que aún persiste) y la gran cantidad de tierras en manos de eclesiásticos. Destacar la introducción en este periodo (siglo XVII) de uno de los productos que tendrá mayor fama y calidad, el pimiento.

Ferias y mercados marcan la actividad comercial en las principales villas (Ponferrada, Bembibre, Villafranca del Bierzo y Cacabelos) en las existen tenderos y algún mercader, desarrollándose el comercio ambulante gracias a ancareses y fornelos a pesar de la precariedad de las vías de comunicación y los impuestos al atravesar las fronteras internas, llamados pontazgos, portazgos y algún otro de distinta naturaleza.

En el sector industrial destaca la industria textil, aunque numerosas veces no cubre más que el autoabastecimiento. En Bembibre y en la merindad de Cornatel se elaboraban unos paños de lienzo blanco llamados ‘bierzos’ que alcanzaron gran éxito y reconocimiento, comercializándose fuera del Bierzo con gran demanda. También destacan las numerosas ferrerías (herrerías), algunas con una producción significativa que llevo a intentar producir acero e incluso una fábrica de armas, en el año 1779, en Villafranca del Bierzo.

La sociedad se organiza en tres estamentos: clero, nobleza, y el pueblo llano o Estado llano. El primero, aparte de su gran influencia ideológica y cultural, acentuada por su riqueza patrimonial, está exento de pagar impuestos y su gran cantidad proporcional refuerza su poder e influencia.

El caso de la nobleza es distinto, ya que en este estamento caben desde los Grandes de España hasta los hidalgos. Es especialmente significativo el gran número de personas que formaban parte del estamento de la nobleza en esta región a finales del siglo XVIII. Se estima que en El Bierzo el 50% de las personas se incluían en dicho estamento, aunque de ellos la mayoría eran simples hidalgos. La mayor parte de ellos malvivía de pequeñas explotaciones agrarias de casi subsistencia, ocultando esa situación bajo ese título de “baja” nobleza.

El Estado llano, el tercer estamento, lo formaban, aproximadamente, a finales del siglo XVIII, el 38% de la sociedad. Eran labradores, artesanos y comerciantes, que lograban sobrevivir con dificultad debido a las mayores cargas impositivas.

El Partido de Ponferrada.

Durante los siglos modernos y hasta las reformas del siglo XIX, El Bierzo formó parte de la Intendencia de León, que agrupaba al Principado de Asturias y a los Partidos de León y Ponferrada. En lo que concierne al Bierzo actual, se incluía dentro del Partido de Ponferrada, el cual a su vez incluía a otras zonas que hoy ya no pertenecen al Bierzo. Este Partido era gobernado desde Ponferrada, villa realenga, por un corregidor de nombramiento real, subdividiéndose El Bierzo en merindades, cotos, concejos y jurisdicciones.

La Provincia del Vierzo.

Tras la jura de la Constitución de 1812 por el Rey, el 9 de marzo de 1820, se inicia en la Cortes un nuevo proceso, con carácter de urgencia, de organización administrativa del Reino, para lo que se nombra a una comisión.

La creación de la Provincia del Vierzo suscita varios problemas, entre los que destaca la rivalidad entre las dos principales ciudades de la región: Ponferrada (468 vecinos) y Villafranca del Bierzo (690 vecinos), ya enfrentadas desde la guerra, puesto que la primera represneta a los nuevos poderes económicos, la nueva burguesía (comerciantes e industriales), y la segunda a los poderes tradicionales del Antiguo Régimen (pequeña nobleza, terratenientes, clericatura).

En el proyecto de división provincial del cartógrafo mallorquín Bauzá y del ingeniero Larramendi de 1821 se contemplaba la creación de la Provincia de Ponferrada, que quedaría posteriormente descartada en favor de la Provincia del Vierzo con capital en Villafranca del Bierzo.

El 16 de Octubre de 1821 se publica en la Gaceta de Madrid la aprobación realizada en Cortes Extraordinarias de la nueva provincia, que pasa a denominarse “Provincia del Vierzo” con capital en Villafranca del Vierzo.

El 27 de enero de 1822 se publica el Decreto por el que El Bierzo se convierte en provincia y en él que se fijan sus límites. Cuenta entonces con 86.365 habitantes y ejerce su jurisdicción sobre los Partidos Judiciales de Villafranca del Vierzo, Ponferrada, Toreno, y Valdeorras, limitando al norte con Asturias (hasta el puerto de Leitariegos), al este con León (la línea divisoria será la cuenca hidrográfica), al sur con Zamora (el límite será la Sierra de Cabrera) y al oeste con Lugo y Orense (la frontera será el antiguo límite de Galicia).

Tras un breve periodo en el que El Bierzo forma parte de la provincia de Lugo y de Orense, el 30 de noviembre de 1833 se designa una nueva división territorial, creada por Javier de Burgos, en la que El Bierzo queda integrado en la provincia de León.

Un ecologista en El Bierzo.

 Fuente informativa principal: Wikipedia.org.

Mujeres y jóvenes abanderan el rechazo a la mal llamada ‘Fiesta Nacional’

El origen de la palabra tauromaquia se encuentra en el idioma griego, de ταῦρος, toro, y μάχομαι, luchar, y se refiere a todo lo relativo a la práctica de lidiar toros, tanto a pie como a caballo. Su origen se remonta a la Edad del bronce y existen mitos como el del Minotauro que entroncan con ella. En la Creta minoica era habitual un tipo de juego en el que audaces malabaristas se exponían a la furia del toro saltando sobre su lomo en espectáculos públicos de gran popularidad. Así parecen acreditarlo las figuras representadas en vasos antiguos. Lo que en su día estudié, mientras escribía un ensayo sobre el mito de “La Atlántida” e investigaba sobre las culturas mediterráneas antiguas, no atestigua que el animal fuese sacrificado después.

En un sentido amplio, la tauromaquia incluye el desarrollo previo al espectáculo taurino, desde la cría del toro a la confección de la vestimenta de los participantes, además del diseño y publicación de carteles y otras manifestaciones artísticas o de carácter publicitario. Su expresión más moderna y elaborada es la corrida de toros, un espectáculo que empieza a configurarse en la España del siglo XII, y que se considera como el entretenimiento de masas más antiguo en nuestro país. Como espectáculo moderno realizado a pie, fija sus normas y adopta su orden actual a finales del siglo XVIII en España, en donde la corrida finaliza con la muerte del toro.

Las corridas de toros son consideradas como una de las expresiones de la cultura hispánica, aunque también se practiquen en Portugal (donde no se le da muerte al toro en la plaza), en el sur de Francia y en diversos países hispanoamericanos, como México, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Costa Rica, Panamá y Bolivia. Es también un espectáculo de exhibición en China, Filipinas, EE.UU. y Cuba. Pueden clasificarse, según la edad y el trapío del toro que se lidia, en becerradas, novilladas y corridas de toros propiamente dichas, y desarrollarse a pie o a caballo. Si se ejecutan las suertes a caballo, el festejo recibe el nombre de corrida de rejones o rejoneo. Cuando se combinan ambas disciplinas en un mismo festejo, se denominan corridas mixtas. Desde sus comienzos, las corridas de toros han despertado vivas polémicas entre partidarios y detractores.

La polémica.

Desde las páginas de  este blog tuve ocasión de abordar el tema taurino a raíz de la convocatoria de una corrida benéfica organizada en León por la Asociación Leonesa de lucha Contra el Cáncer, con ocasión de las últimas fiestas de San Froilán. Ya entonces dejé clara mi postura contraria al maltrato animal, declarando que era una auténtica barbaridad que a estas alturas de nuestra evolución humana continúen celebrándose actos que implican la tortura de animales para divertimiento del “respetable”. Un respetable que para mí, y siento lo que voy a decir porque sé que molestaré a alguien-, bien poco tiene de eso. Las corridas de toros me hacen pensar irremediablemente al circo romano y a la plebe inculta que disfrutaba viendo como las fieras despedazaban a los cristianos.

Dicen los entendidos que la “Fiesta Nacional” no tiene vuelta de hoja. Que gusta o no, que te enamoras de ella a primera vista o la aborreces para siempre. Y a mí me ocurrió lo último. Personalmente sólo recuerdo haber asistido a dos corridas en mi vida. La primera era muy joven cuando la vi, en compañía de mi padre, en España. Y, pese a la vistosidad del espectáculo y el colorido de la fiesta, que sí me agradó, me disgustó profundamente el maltrato animal. Volví a repetir por una segunda vez, en esta ocasión en Venezuela, y por aquello del que no se diga. Y recuerdo que salí aún más convencido de que aquello no era para mí. En mi memoria perduran los chorros de sangre del animal herido, lanzados por la presión sanguínea hasta varios palmos de altura por encima de su espinazo. Y prefiero evitar pensar en el descabello torpe aplicado sobre su cerviz rendida, repetido una y otra vez. Y es que para mí, con todo el respeto posible, las corridas de toros no me aportan los valores históricos, artísticos o de identidad que sus defensores encuentran en la “Fiesta Nacional”. Al contrario, me suponen una de las más evidentes demostraciones de la apología del sufrimiento, de la agresividad irracional del hombre sobre el animal y del desprecio por la vida. Algo, a todas luces, incompatible con la cultura.

Traeré aquí el recuerdo del cardenal Isidre Gomà y Tomàs (1869-1940), con quien creo compartir pocas cosas, aunque sí su especial cariño por poblaciones del campo de Tarragona como La Riba, Montbrió del Camp, Valls o Montblanc. El defensor de la “cruzada” nacional y de la Hispanidad, y que por tanto difícilmente podrá ser refutado por la derecha arcaica que acaba de salir en manada a defender la “Fiesta Nacional”,- con la presidenta de la Comunidad de Madrid Esperanza Aguirre a la cabeza-, es el autor de estas palabras: “El toreo es el último escollo de una humanidad sin civilizar”.

Las encuestas confirman el paulatino desinterés de los españoles por las corridas.

Los toreros han dejado de ser los ídolos que fueron y que encandilaran a actrices como Ava Gardner o escritores como Ernest Hemingway. Ya no despiertan el fervor de las multitudes, como lo hicieran Manuel Laureano Rodríguez Sánchez, más conocido como Manolete o, en época más reciente, Manuel Benítez El Cordobés”. Aunque continúen teniendo bastante gancho a nivel mediático. Según los datos del sondeo realizado por Gallup, y aportados por Ecologistas en Acción, que lleva tiempo luchando por la prohibición de las corridas de toros, en los últimos años el 72,1 por ciento de la población en España afirma no tener ningún interés por los espectáculos taurinos. Este desinterés lo muestran sobre todo las mujeres, con un 78,5 por ciento, y las personas con edades comprendidas entre 15 y 24 años, 81,7 por ciento.

”Sólo el 7,4 por ciento de los españoles siguen estando muy interesados en la injustamente llamada Fiesta Nacional“, subraya la asociación ecologista. Sin embargo, un 26,7 por ciento de las personas encuestadas afirman estar interesadas por las corridas de toros, de las cuales un 19,3 por ciento afirma estar “algo” interesada. Un 7,4 por ciento manifiestan que les interesa “mucho“.

Desde el punto de vista de la evolución histórica, la encuesta continuada de Gallup permite reflejar que el interés por las corridas de toros mantiene la tendencia a la baja, ya que, en 1993, el estudio reflejó un 38 por ciento de interés; en 1999, se situaba en el 32 por ciento; en el 2002, la afición era del 31 por ciento y, actualmente, es del 26,7 por ciento. Son datos que demuestran contundentemente el constante y generalizado incremento de los españoles que rechazan las corridas de toros.

Para mí existe una correlación entre aumento de nivel cultural y disminución del interés por las corridas de toros. Aunque reconozco que la locura del pueblo español por el espectáculo futbolístico continúa planteándome algunas dudas sobre esta opinión…

Un ecologista en El Bierzo.

Corrida de toros ‘benéfica’ en León: ni san Froilán, ni san Francisco de Asís, lo hubiesen permitido. 01/10/09. Unecologistaenelbierzo.wordpress.com.

Espontánea Esperanza Aguirre. 05/03/10. Elpais.es.

Ecologistas en Acción estudia recurrir las declaraciones de “Bien de interés cultural” de las corridas de toros. 06/03/10. EcoDiario.com.

Un ecologista en El Bierzo.

Comentario por Carrera el 14/04/2010.

Las personas que disfrutan viendo como un ser vivo muere sufriendo, no lo entiendo. Perdonad. Gracias.