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La FAO recomienda consumir más insectos para acabar con el hambre

Pueden los insectos representar una alternativa creíble al hambre. Fuente: hilodirecto.com.mx.

¿Pueden los insectos representar una alternativa creíble al hambre? Fuente: hilodirecto.com.mx.

Hace pocos días leí en la prensa una noticia sobre la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que me llamó poderosamente la atención. La organización internacional recomendaba un mayor consumo de insectos como una alternativa razonable para acabar con el hambre y justificaba su propuesta debido al elevado valor nutricional que estos tienen y a una producción barata de los mismos. Así, por citar un ejemplo, el contenido de proteínas, vitaminas y minerales de los gusanos de la harina es similar a la del pescado o la carne.

Para la FAO expandir la superficie dedicada a la agricultura no es ya una opción sostenible. Los océanos están sobreexplotados y el cambio climático augura complicaciones en la producción de alimentos. Para hacer frente a la hambruna, los expertos de la ONU creen que un mejor aprovechamiento de los insectos como alimento podría ser una alternativa interesante, sobre todo para la alimentación en las granjas de animales.

Según la FAO, entre las ventajas para montar granjas de insectos se situaría el hecho de que emiten menos gases de efecto invernadero que la mayoría del ganado (sólo las termitas y las cucarachas emiten metano) y que sus emisiones de amoniaco son también muy inferiores a las de la ganadería convencional, como los cerdos.

Informe FAO. 2013. El informe recomienda comer más insectos como alternativa al hambre. Fuente: 20minutos.es.

. El informe FAO 2013 recomienda comer más insectos como alternativa al hambre. 20minutos.es.

Por otra parte, comer insectos no es nada nuevo. O al menos no lo es en muchos lugares ajenos a nuestra órbita cultural, sobretodo en zonas cercanas a los trópicos y también donde quiera que los alimentos, por una u otra razón, escasean. Según el diario ‘El País’ los insectos que los humanos consumen mayormente son los escarabajos (31%), las orugas (18%), las abejas y hormigas (14%), los saltamontes, langostas y grillos (13%), las cigarras, saltamontes, chicharritas, cochinillas y chinches (10%), las libélulas (3%) y… las moscas (2%).

Son datos que quizás puedan animaros a consumir estos bichejos tan feos, aunque la realidad es que en países como el nuestro tal consumo resulta complicado, por no decir improbable, debido al rechazo generalizado que estos provocan. Y no es que -digo yo- no podamos llegar a acostumbrarnos a consumir saltamontes, escorpiones, arañas, avispas, moscas u otras ‘lindezas’ parecidas, sino porque -como bien dicen los expertos de la ONU- la dificultad principal reside en nuestra educación y costumbres. Sin embargo, la organización de las Naciones Unidas considera que éstas podrían verse modificadas con alguna que otra campaña de por en medio.

De todo lo antes dicho deduzco que las indicaciones de la FAO se orientan sobre todo a los países que ya han introducido en su vida cotidiana tales hábitos alimentarios. Con lo cual, dicho de paso, tampoco creo que el mencionado informe vaya a producir grandes cambios en esos lugares. Dicho esto sinintentar restar mérito a la iniciativa, puesto que mirados con optimismo posiblemente algunos de sus consejos podrían, si se llevasen a la práctica en nuestros lares, contribuir a disminuir el alcance de ciertas plagas relacionadas con algunos de estos insectos comestibles.

Después de todo, ¿acaso no consumimos nosotros caracoles? Y aunque a algunos ese pensamiento les provoque asco, lo cierto es que a otros, -como a mí mismo-, este menú nos encanta. También en otras culturas, como en la oriental, se comen perros, gatos e incluso, en la africana, monos. Algunos dicen que el SIDA nos llegó por esta última vía… Sin embargo, bien mirado, a nosotros no nos hacen ni pizca de gracia estas ideas.

Hoy, según datos de la misma FAO, -que la investigadora Esther Vivas nos recuerda-, nuestro planeta es capaz de producir alimentos suficientes en para unos doce mil millones de habitantes. Pero el problema no estriba tanto en la producción sino en su distribución. Una repartición que resulta complicado organizar, y más aún financiar, y que sin embargo resulta necesaria para asegurar una entrega equitativa de los alimentos y que estos puedan llegar en buenas condiciones hasta el lugar donde se necesitan.

En todo esto yo veo además un peligro añadido. El protagonizado por las grandes multinacionales que presionan a los gobiernos para quedarse con el monopolio de las semillas. Algunas de estas empresas, como por ejemplo Monsanto, establecen patentes que luego obligan al campesino a pagar un canon para poder continuar produciendo algo tan sencillo como una lechuga. O lo que se tercie.

Un plato variado y colorido a base de saltamontes. Fuente: informe21.com.

Un plato variado y colorido a base de saltamontes. Informe21.com.

Otros asuntos empresariales, como por ejemplo las grandes plantaciones de palma de aceite (el cultivo oleaginoso que mayor cantidad de aceite produce por unidad de superficie plantada), o de soja o maíz, destinados a la fabricación de biodiesel, están creando también serios desajustes en la cuestión alimentaria al conseguir elevar los precios de productos que son básicos en ciertas comunidades. El impacto medioambiental de tales comercializaciones es importante, pues significa un aumento de la deforestación de los bosques nativos y el desplazamiento de los cultivos tradicionales y variados. Y para la ganadería suponen la destrucción del ecosistema y la biodiversidad, así como la expulsión de los trabajadores rurales hacia otras áreas.

De lo anteriormente afirmado puede deducirse que mi respuesta para acabar con el hambre no pasa tanto por aumentar el número de las especies de insectos comestibles, como los que ya se comen habitualmente en ciertos países de África, Asia y América Latina –y que Vivas sitúa en el orden de las 1.900-, sino en exigir una mayor solidaridad en las políticas agrícolas y alimentarias mundiales.

En cuanto a ciertas afirmaciones que aseguran que casi dos mil millones de humanos ya estarían consumiendo insectos en su dieta habitual parecen fundadas.

Un ecologista en El Bierzo.

Un asiático se prepara para comer un escorpión. Fuente: eldiario.es.

Un asiático se prepara para comer un escorpión. Eldiario.es.

La ONU insta a comer insectos para combatir el hambre en el mundo. 13/05/13. Elpais.com.

Edible insects: Future prospects for food and feed security (Insectos comestibles. Perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y la alimentación). 2013. FAO. (En inglés).

¿Comer insectos para acabar con el hambre? 18/05/13. Esthervivas.com.

La Coordinadora Europea de Apicultura denuncia que la UE deja su evaluación sobre riesgos de los pesticidas en manos de ‘expertos’ vinculados a empresas privadas

Una abeja recogiendo polen y néctar. Cookingideas.es.

La apicultura europea podría desaparecer en diez años.

Hace pocos días alertaba desde este blog de los peligros incognoscibles que puede suponer para la supervivencia del planeta la desaparición de las abejas. También referenciaba la influencia demostrada de ciertos plaguicidas, producidos por empresas vinculadas al sector fitosanitario, o incluso al farmacéutico, sobre esta mortandad. Atendía así a la llamada de socorro lanzada por Avaaz y otras organizaciones que están alertando sobre esta situación.

Esta semana he recibido un correo de un apicultor de Cantabria agradeciendo que aireara la información. A raíz de ello, y considerando que el tema merece que se le dé aún mayor divulgación he decidido ampliarla publicando este nuevo artículo y diversos enlaces.

En este instante la llamada de Avaaz lleva recogidas un millón ciento cincuenta mil firmas. Os vuelvo a facilitar el enlace para que los que aún no habéis firmado podáis hacerlo: https://secure.avaaz.org/es/save_the_bees/?cl=917890663&v=8209

El hecho que los responsables del asesoramiento y redacción de las directrices europeas sobre la evaluación de la toxi­cidad de los plaguicidas incorporen a “ex­pertos” provenientes de esta industria no está ayudando precisamente a que se pueda evitar el desastre natural que estamos viviendo. Más bien al contrario, cabría situarlo en sus orígenes y convendría que el Gobierno adoptase las medidas necesarias para poner un punto final al asunto.

La Comisión Europea permite a las empresas fitosanitarias modelar la normativa en cuestión de plaguicidas.

Observación de la colmena a primera hora de la mañana con un cierto número de individuos muertos a la entrada de la misma. 2013. Adapas.com.

Que la Comisión Europea deposite en manos de las empresas productoras de plaguicidas la valoración del riesgo de los productos que fabrican es un sinsentido que no cabe en la cabeza ni de un infante. Pero nosotros somos así; depositamos la defensa de los elementos esenciales que garantizan nuestra existencia en manos de organismos que parecen anteponer los intereses empresariales a los ciudadanos. Y nos echamos tranquilamente a dormir, pensando que otros –a los que pagamos- ya están cumpliendo con sus obligaciones.

Ahora os invito a leer este informe del Corporate Europe Observatory (CEO) y de la Coordinadora Europea de Apicultura, fechado de noviembre 2010: “El futuro de las abejas en manos de la industria de plaguicidas”. Os adelanto solamente algunos párrafos para dejaros a continuación con el texto entero accesible gracias a un enlace (documento en pdf).

El número de abejas y otros insectos polini­zadores está cayendo de forma dramática, poniendo su futura supervivencia en peli­gro con consecuencias catastróficas para los ecosistemas y la agricultura. En algunos países europeos, las abejas están desapare­ciendo del medio ambiente a la velocidad sorprendente de hasta un 20-32% al año. Una serie de factores contribuyen a este des­censo, incluida la aparición de nuevos virus y el cambio climático, pero hay claros indicios de que las prácticas agrícolas modernas, en particular el predominio de la agricultura de monocultivo con su dependencia de los pla­guicidas podría ser clave.

Existen evidencias científicas que sugieren que los cambios en las prácticas agrarias po­drían estar dejando las poblaciones de abe­jas vulnerables a enfermedades y parásitos, aumentando así su tasa de mortalidad. In­cluso hay indicios para pensar que los nue­vos plaguicidas existentes en el mercado o la variación tradicional de sus formas de aplicación podrían ser responsables del co­lapso de colonias completas de abejas. Por ello, es urgente mejorar la evaluación y el control del uso de plaguicidas. Sin embargo, en la Unión Europea este proceso parece ha­ber sido tomado por la industria. Los grupos de asesoramiento responsables de redactar las directrices sobre la evaluación de la toxi­cidad de plaguicidas se componen de “ex­pertos” de la industria de los plaguicidas.

Marco de una colmena de abejas que muestra signos de síndrome de colapso. Las abejas han desaparecido sin dejar rastro. Adapas.com.

Un caso de grandes mortalidades de abejas en Fran­cia ha demostrado ser causado por la capa de pla­guicidas utilizados en el pildorado de las semillas de girasol (hasta la suspensión de dicha práctica para ciertos pesticidas). El pico de nuevas pérdidas de co­lonias colonia de abejas sucedió en la primavera de 2008 en Francia, Alemania, Italia y Eslovenia, donde una alta carga de pesticidas neurotóxicos fue pre­sente en el aire después del sembrado de semillas tratadas.

La Coordinadora Europea de Apicultura cree firme­mente que una evaluación adecuada de los riesgos de estos pesticidas en las abejas es de suma impor­tancia. Sin embargo cuando la organización, junto con representantes de la comunidad científica, plan­teó la necesidad de cambiar el procedimiento de aprobación de los pesticidas sistémicos, descubrie­ron que la industria de plaguicidas había logrado in­troducir sus propios “expertos” en grupos de trabajo que asesoran sobre cómo los riesgos de pesticidas deben ser evaluados. Los “expertos” incluyen a empleados de BASF, Bayer Crop Science, Dow Che­micals y Syngenta”.

“El futuro de las abejas en manos de la industria de plaguicidas”. 2010. Adapas.com. Pdf.

Un ecologista en El Bierzo.

Los apicultores somos ecologistas… O ¿deberíamos serlo? 16/12/10. Adapas.com. Christian P. Ozers. 

S.O.S. Abejas. 2010. Adapas.com.  

Una abeja recoge polen y néctar de flores de lavanda. Adapas.com.

El futuro de las abejas en manos de la industria de plaguicidas. 03/02/11. Adapas.com. 

¿Qué responsabilidad tiene Bayer en la matanza de las abejas? 14/12/10. Cookingideas.es.

El “Wiki-bees” de Tom Theobald, el apicultor con documentos clasificados que explican el exterminio de las abejas. 14/12/10. Blogslainformacion.com (este enlace ya no se puede consultar en la revisión de este artículo en mayo de 2017, pero he encontrado otro que habla de lo mismo).

Contraste de fuentes en el caso “Wiki-Bee”. 13/01/11. Tercerainformacion.es.

Asociación en Defensa de la Abeja (A.D.A.P.A.S). Avenida del Jardín Botánico, s/n. 33394 Gijón (Asturias). E-mail: webmaster@adapas.com