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Brasil: los esclavos del etanol

El sábado 22 de agosto representantes de Salva la Selva y de Watch Indonesia se reunieron en Hamburgo con el padre Tiago Thorlby, de la ‘Comissao Pastoral da Terra’ (CPT), quien viajó desde Brasil para denunciar la explotación laboral en la que viven muchos trabajadores rurales. Salva la Selva (Rettet den Regenwald, en alemán) es una organización ambiental políticamente independiente, con su sede en Hamburgo (Alemania), que defiende tanto los bosques tropicales como a sus habitantes. Fue fundada en 1986 por Reinhard Behrend, quien sigue al frente de la misma.

Brasil es uno de los principales productores de etanol, con 18 mil millones de litros anuales. El etanol, mezclado con la gasolina da lugar a la alconafta o gasohol, un biocombustible que ha permitido reducir al país suramericano sus importaciones de petróleo hasta un en un 40 %. Pero, para obtenerlo los trabajadores de la caña de azúcar son sometidos a ritmos de trabajo extenuantes que consiguen que su promedio de vida sea incluso inferior al de los esclavos en el pasado. El avance de este cultivo sobre tierras agrícolas y ganaderas brasileñas está desplazando a otras actividades tradicionales, creando inseguridad alimentaria entre la población. Los sindicatos han denunciado esta situación y luchan por mejorar las condiciones de vida de los asalariados, así como por lograr una unión más amplia frente a unos lugartenientes que continúan reinando en el país como auténticos caciques. Pese a las reformas aportadas por el gobierno de Lula, Brasil continúa siendo un país de campesinos sin tierra.

El etanol, de héroe a villano.

La Unión Europea (UE) fijó una meta del 10% para el uso de los agrocombustibles hasta el 2020. Pero en Brasil, en los dos últimos años se ha producido un cambio negativo que desmiente la imagen edulcorada sobre los biocombustibles que desde la UE se nos ha vendido. Las repetidas denuncias de los problemas sociales y ambientales relacionadas con su explotación han conseguido que, en poco tiempo, los agrocombustibles hayan pasado de salvadores del clima y de la economía brasileña a pesadilla nacional en algunos países.

Para conocer más sobre este asunto he decidido traer hoy al lector una información publicada por Salva la Selva que ha servido para abrirme los ojos sobre una realidad mundial extendida pero poco conocida en nuestras latitudes.

La Comisión Pastoral de la Tierra (CPT).

La Comisión Pastoral de la Tierra (Comissao Pastoral da Terra, en portugués) comenzó su trabajo en 1975. El padre Tiago es un pastor católico, de origen escocés, que ha estado viajando e informando sobre la situación de la propiedad de la tierra en Brasil y defendiendo la dignidad y los derechos de de los campesinos que luchan contra los políticos y los latifundistas, que allí se conocen también como los barones de la caña y de la soja.

En esta ocasión, el pastor vino al Viejo Continente con la intención de cuestionar su política sobre la bioenergía y para denunciar las violaciones de los derechos humanos ligadas a su producción y expansión. Una situación que si bien se da también en otros países, como por ejemplo en Tailandia, encuentra su máxima expresión en el trabajo esclavo que se vive en las plantaciones de caña de azúcar en Brasil.

El monocultivo dificulta la ansiada reforma agraria.

La alianza de la industria automovilística, petrolera y agrícola, con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, para desarrollar la bioenergía y facilitar el cumplimiento del Protocolo de Kyoto está pasando una pesada factura a los países del Sur, en el sentido de que está imposibilitando la tan largamente esperada, a la vez que necesaria, reforma agraria en Brasil. Es decir, una división más justa de la tierra. El monocultivo brasileño responde al mismo modelo que se da en Malasia, o Indonesia, y perpetúa el latifundio ancestral.

En Brasil, en la zona costera de Pernambuco, se encuentran las mejores tierras de cultivo y están invadidas por el monocultivo del azúcar. Desde la CPT, -explica el padre Tiago-, “no tenemos nada en contra de la caña de azúcar, ni en contra del azúcar. Ni siquiera tenemos algo en contra de la bioenergía. Pero la energía procedente del monocultivo del azúcar se genera dentro de este modelo de producción. Para que se entienda: no es posible controlar un latifundio de 25, 30 ó 40 mil hectáreas sin tener una milicia privada. Los dueños de estos latifundios utilizan sus milicias para matonear a la población y, en ocasiones, también a los miembros de la CPT. Se trata de personas privadas armadas, que ejercen la violencia sobre la población local. Los barones de la caña tienen además por lo general a su servicio al prefecto, a las autoridades y a la policía del lugar. No pueden contar con este pastor, pero sí tienen a otros a su lado. Con todo esto, quiero decir que el modelo de producción del Brasil es un cáncer que hay que extirpar del cuerpo de la sociedad brasilera”.

El presidente Lula fue elegido con 62 millones de votos, porque entre otras cosas prometió una reforma agraria. Durante los últimos años, miles de esclavos han sido liberados de las plantaciones de caña de azúcar. El mismo día, el presidente Lula declaraba que en Brasil no hay esclavitud. Y además, el gobierno tiene planes para sembrar más caña de azúcar, por ejemplo, en el norte de la Amazonía. Pero son muchos los padres y madres en Brasil que se acercan a mí y me dicen: “Yo trabajo en la caña de azúcar para que mi hijo o mi hija no tengan que hacerlo jamás”.

El Movimiento de los Sin Tierra (MST).

“El trabajo de la CPT se desarrolla en el ámbito de los derechos humanos. Consiste en ir, vivir en las ocupaciones de tierra, hacernos eco de lo cruel que es la vida allí. El hambre, la sed, la violencia, las amenazas, el desplazamiento: todo ello es muy duro. No es fácil tener que escuchar de parte de los latifundistas frases como: “salgan de mi tierra, la están robando; son unos vagabundos y unos borrachos”. Pero cada vez más, las personas que viven en las plantaciones conocen los motivos por los que no tienen tierra. Saben que es por la estructura de la sociedad, y por eso, ellos luchan por cambiar esa estructura. El modo de lucha es la ocupación de tierras. Por todo el país hay ocupaciones y asentamientos, que luchan por su reconocimiento”.

Desde países del norte, como los europeos, se habla de producción de bioenergía, de energía “limpia, sostenible y renovable”. Esto es imposible. Estos calificativos son mitos. El modelo que utilizamos en Brasil para producir etanol no sólo no es limpio, sino que también es inviable. Por eso, no puede ser tomado de modelo a copiar en otras partes. Se trata de un modelo no sólo económicamente inviable, sino además políticamente retrógrado, socialmente exclusivo, culturalmente genocida y ecológicamente devastador”.

Testimonios de operarios en las plantaciones de caña de azúcar.

El padre Tiago trae consigo, desde Pernambuco en el nordeste brasilero, las voces de personas que han sido esclavizadas por el monocultivo extensivo para la producción del etanol en Brasil:

Antonio Manoel (47 años): “Empecé trabajando en los campos de caña de azúcar cuando tenía 9 años. No se respetan nuestros derechos, no recibimos salarios justos. Las empresas azucareras nos dicen que busquemos nuestros derechos, pero nunca los encontramos. Los propietarios de las empresas destruyen nuestros derechos”.

Joao Raimundo (31 años): “¿Qué logré como cortador de caña? Perder un dedo. Hay un montón de accidentes graves: en las piernas, en los brazos. Los cortadores quedan incapacitados para trabajar durante mucho tiempo. El doctor de la empresa te da tres días de baja. Después de eso, estás obligado a trabajar. ¿Derechos? No son respetados. Los empresarios del azúcar son latifundistas que chupan la sangre de los trabajadores”.

Joao (55 años): “Yo trabajé y trabajé. ¿Y qué obtuve? Sólo vejez y cansancio. Los latifundistas son unos explotadores de esclavos”.

Albertina María (40 años): “No hay futuro en los campos de caña. Yo nunca he tenido nada. Sólo trabajo y ruina. Trabajo sin recibir nada a cambio. La poca salud que tenía se me ha acabado. El patrón es un corrupto”.

Ante todo lo expuesto, concluye el padre Tiago: “Realmente creyeron que sería posible que la devastación de los bosques, la destrucción de la vida silvestre, la polución de las aguas para plantar caña en los mortíferos monocultivos, bajo el violento modelo feudal y latifundista… realmente, ¿alguien puede seguir pensando que este modelo de producción es sostenible?”.

Un ecologista en El Bierzo.

Agrocombustibles para acelerar el hambre. 27/03/08. Hambrestop.blogspot.com.

Los ‘verdes’ se enfrentan a Lula. 27/05/08. Publico.es.

Esclavos del etanol. 05/09/08. Publico.es.

Iglesia condena el trabajo esclavo y degradante en la industria del etanol brasileño. 17/11/08. Soitu.es.

Los esclavos del etanol: no más soluciones baratas y desastrosas para el Sur. 24/08/09. Salvalaselva.org.